Hay una bonita canción de Celine Dion, que dice: “Fuiste mi fuerza cuando fui débil, mis palabras cuando no podía hablar, me diste fe porque tu creías, y viste lo mejor que había en mi. Y soy todo lo que soy porque me quieres”. Una buena prueba, que demuestra claramente que hay gente que piensa o siente lo que yo siento.
La canción subraya muy dignamente una película que yo me atrevería a calificar como una de las mejores historias de amor maduro que he visto nunca. La película en cuestión es “Intimo y personal”, con Robert Redford y Michelle Pfeiffer, que quizás tengáis ocasión de ver éstos días en televisión, porque afortunadamente a veces, se repiten mucho.
El hecho es que yo siempre he creído que el amor debía ser algo más especial que lo que al parecer la mayoría de la gente piensa. Y como se está convirtiendo en costumbre habitual para mí últimamente, no me quedaré con las ganas de decir (o escribir, que para el caso es lo mismo), lo que pienso.
Antes que nada, diré lo que creo que no es el amor. El amor no es ir probando una persona detrás de otra, como si fuesen chaquetas, hasta que encuentres alguien con quien puedas soportar vivir, porque la idea de vivir solo se hace demasiado cuesta arriba.
El amor no puede ser sólo un deseo súbito por cualquier persona que nos parezca atractiva. Tu pareja debe ser alguien especial, que haga que en el momento en que la veas, el resto del mundo desaparezca de tu vista (a efectos pasionales o románticos), eclipsado por su presencia.
Tu amor ha de ser alguien a quien puedas ver y que pueda verte como tú realmente eres. Una persona completa, que te ayude y a quien puedas ayudar, en quien confíes y que pueda confiar en ti, pero no alguien de quien colgarse, o que se cuelgue de ti.
Alguien con quien construir cogidos de la mano. Alguien a quien respetar, admirar, con quien compartir y convivir. Alguien con quien batallar las desavenencias de cada día con la fuerza de la razón, la paciencia, la constancia y la perseverancia, libremente elegidas por amor, y no por miedo de una soledad mal entendida.
Y si hay otros que también lo creen posible, eso me da fuerzas para salir a la calle cada día esperando que al girar la esquina LE ENCONTRARÉ, muy a pesar de ese horrible y fugaz pensamiento que a veces me angustia, de que no vivimos no solo en el mismo planeta, sino ni siquiera en la misma dimensión.
La cuestión es que tengo el sentimiento profundo i arraigado de que esta clase de amor existe, i hasta incluso de que sé lo que se siente. La pregunta es como sé yo que se siente, si no lo he tenido nunca?
Entonces, si quiero/necesito a alguien/un hombre, que me de fuerzas cuando me siento débil… Y habiendo intentado con fuerza tantas veces dárselas a otros. Es esto que yo busco pedir demasiado?
La canción subraya muy dignamente una película que yo me atrevería a calificar como una de las mejores historias de amor maduro que he visto nunca. La película en cuestión es “Intimo y personal”, con Robert Redford y Michelle Pfeiffer, que quizás tengáis ocasión de ver éstos días en televisión, porque afortunadamente a veces, se repiten mucho.
El hecho es que yo siempre he creído que el amor debía ser algo más especial que lo que al parecer la mayoría de la gente piensa. Y como se está convirtiendo en costumbre habitual para mí últimamente, no me quedaré con las ganas de decir (o escribir, que para el caso es lo mismo), lo que pienso.
Antes que nada, diré lo que creo que no es el amor. El amor no es ir probando una persona detrás de otra, como si fuesen chaquetas, hasta que encuentres alguien con quien puedas soportar vivir, porque la idea de vivir solo se hace demasiado cuesta arriba.
El amor no puede ser sólo un deseo súbito por cualquier persona que nos parezca atractiva. Tu pareja debe ser alguien especial, que haga que en el momento en que la veas, el resto del mundo desaparezca de tu vista (a efectos pasionales o románticos), eclipsado por su presencia.
Tu amor ha de ser alguien a quien puedas ver y que pueda verte como tú realmente eres. Una persona completa, que te ayude y a quien puedas ayudar, en quien confíes y que pueda confiar en ti, pero no alguien de quien colgarse, o que se cuelgue de ti.
Alguien con quien construir cogidos de la mano. Alguien a quien respetar, admirar, con quien compartir y convivir. Alguien con quien batallar las desavenencias de cada día con la fuerza de la razón, la paciencia, la constancia y la perseverancia, libremente elegidas por amor, y no por miedo de una soledad mal entendida.
Y si hay otros que también lo creen posible, eso me da fuerzas para salir a la calle cada día esperando que al girar la esquina LE ENCONTRARÉ, muy a pesar de ese horrible y fugaz pensamiento que a veces me angustia, de que no vivimos no solo en el mismo planeta, sino ni siquiera en la misma dimensión.
La cuestión es que tengo el sentimiento profundo i arraigado de que esta clase de amor existe, i hasta incluso de que sé lo que se siente. La pregunta es como sé yo que se siente, si no lo he tenido nunca?
Entonces, si quiero/necesito a alguien/un hombre, que me de fuerzas cuando me siento débil… Y habiendo intentado con fuerza tantas veces dárselas a otros. Es esto que yo busco pedir demasiado?

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