14/2/08

MORIR DE AMOR



Es una jaula sin puerta
que domina el corazón.
Es una flecha invisible,
la locura en la razón.

Un reflejo en el espejo
con alas para volar.

El calor de la mirada,
la emoción de una pasión
Puedes matar al amante
Pero jamás al amor.





Harta de la negatividad de su marido, la Sra. Murphy ha decidido dejarle. Sin rencores, sabe que es una mujer con suerte. Posee una esbelta figura (conseguida a base de ejercitar sus abdominales recogiendo tostadas), y goza de buena salud, puesto que las únicas, aunque afiladas armas de su divorcio, fueron las palabras. Y después de todo, ella sabe que el Sr. Murphy es un buen hombre (negativo, pero bueno), y que sencillamente no es su hombre.

Y no es que las heridas psicológicas no duelan, pero ella se pregunta a menudo, porque algunos matrimonios que empiezan tan bellamente como esta foto, acaban por hacer doloroso honor al tópico “hasta que la muerte nos separe”. Mayormente la de ella a manos de él…

Ya se que también hay malas mujeres (ya lo dice la canción), pero en cualquier caso, ellas son siempre menos cruentas, o tardan más en hacer efecto. Por decirlo de alguna manera, la mujer es el agua que lenta e imperceptiblemente erosiona la roca, y el hombre la que la penetra, se congela, y la rompe, incluso antes de darle tiempo a saber si esa era la roca que realmente quería. La diferencia es que la roca erosionada sigue ahí, y la rota no hay quien la componga, en perjuicio del agua (congelada o no), y de la propia roca.

En cualquier caso (o género), nunca es buena idea aprisionar a quien se quiere, o a quien se cree que se quiere. Porque señores, el amor es la única cárcel que retiene mejor con la puerta abierta. Recordad siempre que el amor se ahoga si no respira libertad.

Esa llama que arde desafiante bajo la lluvia, es la voluntad que subyuga las almas, la libre aceptación de las maravillas y las miserias de otro ser humano.

Puedes obligar a alguien a permanecer a tu lado, pero de ninguna manera puedes forzar a nadie a quererte, porque el amor es un involuntario acto de voluntad. Es una flecha invisible, y es él quien te elige a ti.

Tú decides si te quedas o huyes, pero no decides cuándo ni con quién. De todos modos, lo que sí puedes controlar son tus actos, y si no eres correspondido, siempre te queda la opción de sentarte y esperar a que el sentimiento desaparezca.

Porque creedme, si no se le alimenta, se desvanece. Con un poco de paciencia acabarás por entender que no es una batalla de voluntades, ni una cuestión de quién es mejor que quién, sino mucho más de quién es mejor para quién.

Y mientras esperas que se curen las heridas, puedes aprovechar el tiempo conociéndote a ti mismo, que ya de paso, es un buen propósito para toda una existencia. Y quizá algún día te encontrarás mirándote al espejo y descubrirás el reflejo que llevabas tiempo esperando. Porque tu amor debe ser de algún modo tu propio reflejo.

En estos tiempos en que ya nadie muere por amor, cuántas mujeres son asesinadas cada día? Aunque no me atrevería yo a llamar amor a lo que las mata...

Y esa es la grandeza del amor, que pueden quitarte la vida, pero nada puede parar la salvaje, deliciosa aceleración del latido del corazón a la vista de la persona amada, o provocarla donde no está llamada a ser.

Y es por eso que lo pintan con alas, porque aunque mueran los amantes, el amor, por su libre voluntad, vivirá para siempre.

PD – Caballeros, recojan sus tostadas. Por varias razones: sus agradecidas esposas estarán mucho más receptivas a sus necesidades; y ejercitaran ustedes sus abdominales, con el consiguiente beneficio para su figura y su salud. Porque créanme señores, si hay algo todavía menos sexy que una barriga cervecera, eso debe ser la pereza.

En nombre de la Sra. Murphy, les deseo un feliz San Valentín.

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